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Bitácora sobre asuntos públicos de Ricardo de la Peña

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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Opinión pública.

La nueva regulación de encuestas

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" 2007-11-21 

 

 

Luego de aprobada la reforma constitucional en materia electoral, se abre paso a la necesaria e inmediata reforma a las leyes secundarias en la materia, en especial al Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE) y a la realización del procedimiento que posibilite el relevo de consejeros en el Instituto Federal Electoral (IFE).

      

Tratemos primero la reforma al COFIPE, que por lo extensa y detallada que resulta sería inviable de atender en un único ulular. Por ello, concentraremos nuestra atención en esta primera colaboración en un interés particular del autor: los cambios propuestos en lo relativo a la regulación de las encuestas, dejando para un segundo momento la revisión de la reforma en materia de regulación de medios y otros aspectos derivados de la reforma constitucional, así como el relevo en el Consejo General del IFE.

      

Al igual que suele ocurrir en otros temas, en lo relativo a la regulación en materia de encuestas diversos reportes periodísticos no han hecho otra cosa que generar confusión entre el público menos informado, por lo que es pertinente precisar el alcance de la reforma en este terreno.

       

En primer término, conforme a las propuestas hasta ahora existentes, son solamente tres los puntos en que se tocaría la regulación de encuestas: por un lado, la redefinición de la ventana de prohibición para la publicación de este tipo de datos; por otro, el procedimiento para la definición de los “criterios generales de carácter científico” para la elaboración de encuestas electorales; y, consustancial a lo anterior, la determinación de las sanciones a las que se harían acreedores quienes violaran las normas que se fijen.

      

Es menester mencionar que, al revisar el contenido de la propuesta de reforma en cuestión de encuestas, de antemano se advierte sus limitaciones, al excluir algunos aspectos que serían fundamentales y que han sido demandados por el gremio de profesionales del campo demoscópico. 

     

Entre ellos está la solicitud de acceso a la cartografía y los datos demográficos por sección electoral, que facilite el trabajo de investigación y coadyuve al mejoramiento de la calidad de los estudios; por otro lado, tampoco se atiende el requerimiento de otorgar seguridad a los operadores de campo, principalmente durante las jornadas electorales, para el desarrollo de la actividad de realización de entrevistas. Estos y otros puntos no están observados en la versión preliminar de la reforma al artículo 190 del COFIPE. 

      

I

    

Tocante a la redefinición del período previo a los comicios en que se prohibiría la publicación de encuestas, la propuesta de reforma atiende positivamente una cara demanda de los profesionales del campo: la reducción de la veda de publicación de ocho a tres días, empatando el lapso de prohibición con el de suspensión de las campañas proselitistas.

        

Es claro que lo ideal sería eliminar toda suerte de prohibición, puesto que en la medida que se permitiera la divulgación de datos producto de encuestas hasta el día de la elección se dotaría al ciudadano de un mejor conocimiento de lo que piensan los otros ciudadanos como un elemento que fundamente su decisión de voto y se eliminaría con ello el privilegio de las elites a contar con información oculta por norma al público. 

     

Empero, el empate del período en que se prohíben las encuestas con el de suspensión de campañas es una opción intermedia entre lo ideal y lo vigente, que responde a una inquietud expresa de demóscopos e investigadores sociales, en la medida que posibilita la publicación de encuestas realizadas una semana antes de los comicios y no dos semanas, como ahora tiene que hacerse dada la prohibición de ocho días hoy establecida. 

      

Dado que la fuente primordial de divergencia entre estimaciones por encuesta y resultado de unos comicios suele ser la distancia temporal que separa el ejercicio muestral del momento de emisión del sufragio, es de suponer que este acortamiento del tiempo entre la última medición y el acto de votación debiera redundar en una menor diferencia promedio entre ambos datos. 

      

Así, las encuestas finales en un proceso electoral debieran acercarse más al resultado efectivo de la contienda, lo que redunda en que el ciudadano disponga de información que de cuenta con mayor exactitud de lo que ha de esperarse que ocurra en las urnas.

      

Un punto adicional a esta regulación pareciera que será el establecimiento de sanciones a quienes no cumplan con la prohibición de no difundir durante los tres días previos a los comicios el resultado de encuestas.

        

A este respecto, es importante mencionar que, aun estando en contra de la norma actualmente establecida, que impide la divulgación durante los ocho días previos, los profesionales del campo demoscópico han cumplido escrupulosamente con la prohibición, respetando la ventana de restricción informativa. Todos los investigadores serios han publicitado sus últimas encuestas preelectorales al menos nueve días antes de la fecha de los comicios.

       

Así, si el lapso de prohibición se reduce, es de esperarse que con mayor razón los demóscopos no caigan en falta. Quienes eventualmente podrían incumplir con esta norma, entonces, no serían los generadores originales de la información, sino diseminadores secundarios. 

      

Por ello, sería deseable que la normatividad en la materia definiera puntualmente quiénes son los sujetos de sanción en casos de violación a la veda, diferenciando las obligaciones del investigador de las del difusor.

        

II

     

El otro aspecto que se ha propuesto modificar en materia de encuestas es la definición del órgano encargado de determinar los “criterios generales de carácter científico” para la elaboración de encuestas que tenga por finalidad medir las preferencias electorales. 

      

Se cuestiona que ahora esta labor se traslade del Consejo General del IFE a un órgano técnico especializado, un comité de especialistas de universidades públicas, cuya composición la determine el Consejo General. 

      

Esta reforma viene a  responder a una cara interrogante muchas veces planteadas desde el gremio de los demóscopos: ¿por qué deben los consejeros electorales de ser los encargados de fijar los referidos criterios? ¿son acaso los consejeros expertos en la materia? ¿por qué no dejar en manos de quienes saben la definición de los métodos de investigación pertinentes?

       

En la práctica, y partiendo del hecho incontrovertible de que la mayoría de los consejeros son legos en la materia, al menos desde el año 2000 los consejeros encargados de definir estos criterios han recurrido en forma abierta a recabar las opiniones de los especialistas en la materia para la definición de los criterios de marras. 

      

No resulta una infidencia comentar que en ocasión de las dos elecciones presidenciales más recientes, los consejeros del IFE han hecho un notable esfuerzo por recabar los puntos de vista de los expertos dedicados a realizar encuestas para la fijación de los criterios. 

      

No ha sido público, pero el debate al respecto se ha centrado en resolver hasta donde debe la autoridad regular para dar certidumbre al elector sobre la naturaleza de los datos que se publiquen y hasta donde debe dejar un margen amplio que responda a una perspectiva de eclecticismo propio de la ciencia y que respete los derechos de propiedad intelectual y material de los investigadores. 

      

Los documentos finales que han sido aprobados por el Consejo General, imperfectos como toda obra humana, han respondido en lo fundamental a las inquietudes y posiciones de los especialistas dedicados al campo de las encuestas. 

     

Es así que los llamados “criterios generales de carácter científico” se han convertido más en un listado de requerimientos informativos que definen el contenido mínimo de la ficha técnica a reportar con los estudios que se difundan, que propiamente a criterios sobre cómo hacer una investigación. 

      

Suele demandarse luego de quien publique o difunda una encuesta que reporte los datos de identificación de la casa encuestadora, la población observada, el método de aproximación, el procedimiento de muestreo, la fecha de realización del trabajo de campo, el tamaño de la muestra, el error estadístico implícito de las estimaciones sobre preferencias, la tasa de rechazo observada, el personal involucrado en la realización del ejercicio y los métodos de cálculo empleados para arribar a las estimaciones, entre los datos más relevantes.

       

Al investigador responsable se le demanda que conserve los materiales que posibilitarían la verificación de datos: la información utilizada para delimitar a la población bajo estudio y para seleccionar la muestra; las operaciones llevadas a cabo para determinar el tamaño de la muestra; los mecanismos usados para seleccionar en cada una de las etapas de muestreo; los instrumentos utilizados para recopilar la información.; la definición de los conceptos incluidos en los instrumentos de recopilación  de información; el manual de capacitación de los entrevistados; el cálculo de las varianzas para las variables de estudio que se refieren a las preferencias electorales. Además, se le exige que pueda dar una descripción detallada de la forma en que se llevó a cabo el trabajo de campo, de los medios de divulgación empleados y los tiempos en que se efectuó la difusión de resultados. 

  

Algunos de estos aspectos han sido materia de controversia: la definición y cálculo de la tasa de rechazo y del error estadístico no responde a una definición precisa y la carencia de un criterio uniforme impide la comparación entre estudios; la definición puntual de conceptos pareciera un prurito académico excesivo; el respeto a la confidencial sobre métodos de cálculo (aduciendo secretos profesionales o comerciales) propicia una falta de transparencia sobre el origen de las estimaciones reportadas. 

       

Sin embargo, al menos en 2006, la mayoría de los estudios difundidos y la totalidad de encuestas realizadas bajo la responsabilidad de casas encuestadoras serias cumplieron en lo fundamental con la normatividad establecida en materia de información.

       

La reforma propuesta releva a los consejeros de la tarea impropia de definir los criterios para la elaboración de encuestas, pero abre la puerta a riesgos de sobre-regulación y obliga a volver a andar caminos tal vez ya transitados.

     

Al determinar que sean “especialistas de universidad públicas” los integrantes del comité técnico responsable de fijar los “criterios generales de carácter científico” para las encuestas, se corre el riesgo de que la nueva tarea se afronte dando espacio a exquisiteces académicas fuera de lugar en la práctica cotidiana, que incrementen sustancialmente costos de operación o que represente la imposición de barreras de entrada que restrinja la difusión a un núcleo selecto de empresas o investigadores.

     

El riesgo es mayor cuando 2009 será la primera ocasión en que dicho comité se encargue de elaborar los criterios y sea más factible que, en aras de reflejar la importancia de su trabajo, decida modificar radicalmente los criterios anteriormente adoptados y que son resultado de un prolongado esfuerzo de consejeros e industria por perfeccionar estas reglas.

       

Son múltiples las pruebas disponibles de que la disposición de protocolos típicamente académicos o de credenciales de “certificación de calidad” para la investigación cotidiana mediante encuesta no garantiza un mejor trabajo ni mejores resultados. Encargar a profesionales acostumbrados a ejercer subsidios la tarea de regular una actividad empresarial pudiera ser contraproducente: 

     

¿Qué les costaría a estos profesionales establecer criterios que llenen de papel cada etapa para el desarrollo de los estudios, pidiendo por ejemplo luengos documentos donde se describan las hipótesis de investigación y su operacionalización, la definición puntual de los conceptos incorporados a los cuestionarios, la descripción detallada de cada etapa de la selección muestral, el reporte detallado de la actividad de campo y tal?     Toda esta información, desde luego, no es susceptible de ser publicada y menos en medios electrónicos, lo que llevó a que en el pasado se demandara que los datos fundamentales fueran colocados, al menos, en una página de la red mundial, con acceso abierto al público. 

    

Toda esta documentación, propia de un estudio académico, resulta muchas veces inapropiada para una encuesta que se realice al calor de una campaña, donde factiblemente el cuestionario se cierre en el último momento previo disponible antes del envío a campo. Por ello, el llenado de documentos excedentes se realizaría realmente con posterioridad al ejercicio, simplemente para satisfacer requisitos burocráticos que en nada ayudarían a mejorar los estudios. ¿Sería esto lo que pudiera pretenderse?

     

¿Qué les costaría a los integrantes de este nuevo comité fijar criterios que restrinjan las posibilidades de reemplazo de la población originalmente en muestra, prolongando los tiempos de toma de información y aumentando los costos de operación? A la fecha, no existe evidencia empírica que permita suponer que es mejor regresar a un domicilio donde no se encontró al posible entrevistado para consultarlo, cuando ya tiene conocimiento previo de que se le pretende entrevistar, que simplemente sustituirlo en forma económica por algún vecino, bajo un determinado procedimiento previamente establecido y uniforme. 

     

De hecho, sería bueno recordarles que ya desde 1994 se corroboró que investigaciones realizadas siguiendo la ortodoxia más estricta no aportaron datos divergentes con otras casas encuestadores y no fueron ni por mucho las más próximas con el resultado. Es cierto: metodología adecuada no es exactitud, pero ¿qué se desea de una encuesta preelectoral: que sólo tenga una estupenda metodología, aunque difiera radicalmente del resultado, o que sea más próxima a las intenciones efectivas de voto del electorado, aunque tal vez no responda a la más estricta ortodoxia? ¿Y quién y cómo se define esta ortodoxia en un campo en desarrollo, como toda actividad que pretende ser científica?

      

¿Qué impide que el comité a crearse adopte como norma la obligatoriedad de formas particulares de certificación de calidad que restrinja el acceso al mercado de nuevos jugadores o de grupos de profesionales constituidos ex profeso para realizar investigaciones durante el período? ¿Qué haría en tal caso con las encuestadoras internas a medios o las universidades? ¿Las expulsaría o crearía regímenes especiales?

      

No está por demás recordar que, hasta la fecha, en ninguna ocasión una empresa certificada ha acertado a ubicar al cierre de los ejercicios preelectorales como líder en la contienda al candidato que resultó ganador de una elección. ¿Tomará en cuenta este hecho demostrado el nuevo comité?

      

¿Y qué haría con los estudios mediante aproximación vía telefónica? ¿Los proscribiría? Aunque es cierto que este método de aproximación aún no garantiza la cabal cobertura del universo de electores, esto será cada vez menos cierto y, además, en muchas ocasiones la única forma disponible de compilación inmediata y económicamente viable de información es mediante encuestas telefónicas.

      

Algunos pensamos que es mejor  tener alguna información, aunque refiera a un segmento del universo, que carecer del todo de datos. Desde luego, estamos de acuerdo en que es indispensable que se explicite el método de aproximación empleado y sus limitaciones, pero cualquier proscripción iría en contra de los principios de eclecticismo que deben regir el trabajo científico.

   

Dos puntos adicionales: todas las consideraciones anteriores suponen que la fijación de los criterios para las encuestas no supondrá, pues no debiera suponerlo, ninguna censura previa, como sería el establecimiento de normas que obligaran a la entrega previa para aprobación de instrumentos o de información restringida propia del trabajo.

     

Suponer que el comité técnico tuviera capacidad de aprobar o rechazar diseños de estudios o que debieran presentársele instrumentos ahorcaría las libertades de investigación y restringiría la flexibilidad debida en procesos que se realizan al calor de la coyuntura.

        

Por último, un punto de debate es la consideración sobre los productos susceptibles de entrega a la autoridad. En el pasado la regulación ha atendido a la información publicada y no ha implicado demandas respecto a la publicación o entrega de bases de datos. 

     

Las bases de datos producto de un estudio son propiedad bien de su patrocinador, bien del investigador, y cuando son privados en ambos lados no constituyen un bien público susceptible de expropiación por una institución y menos de diseminación entre interesados de forma gratuita, ya que afectaría el interés económico de las casas encuestadoras o financiadores. 

     

Que la autoridad electoral auspicie la integración de bancos que hagan acopio a posteriori y voluntario de bases de datos de encuestas electorales sería una afortunada idea, pero ello no significa que tenga derecho a extraer del haber de una empresa un insumo fundamental para el desarrollo de su actividad. 

     

En todo caso, podría diferenciar las bases de datos derivadas de encuestas privadas de aquellas financiadas mediante recursos públicos provenientes de los partidos y, por ende, susceptibles de una eventual demanda (aunque en tal caso debiera permitirse la declaración como confidenciales de campos informativos incorporados para la definición de estrategias de campaña y reclamar únicamente la entrega de los datos relacionados con campos cuyos resultados hayan sido publicitados).      Como se ve, la idea de modificar el proceso de definición de los “criterios generales de carácter científico” para la realización de encuestas abre un largo camino de diálogo y negociación entre la industria de las encuestas y los nuevos responsables de fijar criterios.

      

Mal se haría en condenar de antemano el procedimiento. Lo importante, de darse esta reforma, será que los profesionales de la investigación entren en contacto directo y franco con el nuevo comité técnico, para intercambiar experiencias, puntos de vista y demandas, en aras de encontrar la formulación ideal de estos criterios requeridos por la norma. 

     

Ello no supone, pues no puede suponerlo, la constitución de un frente unitario y uniforme de empresarios de las encuestas. Al interior del gremio existen claras y explícitas diferencias en puntos de vista, intereses y demandas.

      

Lo importante será encontrar las vías que posibiliten un diálogo amplio e intenso, que de cabida a las diversas posiciones y permita avanzar en el perfeccionamiento de unos criterios que han demostrado su utilidad en el pasado, al menos para cerrarle el paso a las encuestadoras fantasmas. En ello ha habido un punto de concordancia en el interés de la autoridad y los encuestadores que no habría que perder de vista.    


Artículos relacionados

“El Búho de Minerva”


iiik  Sobre el paradigma demoscópico (24 de agosto de 2007).

  

Artículo del autor sobre el tema:

                                 

              “Encuestas y sondeos electorales”; Contexto y propuestas para una agenda

               de reforma electoral, Instituto de Investigaciones Legislativas del Senado de

               la República-Universidad Autónoma Metropolitana, México, 2003, pp. 109-118.

   

Vínculos externos
 

·                               García, Cecilia, “Los encuestadores defienden derechos a la autorregulación”, Excelsior, 17 de noviembre de 2007.

·                               Robles de la Rosa, Leticia, “Proponen crear comité para regular encuestas”, Excelsior, 16 de noviembre de 2007.

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21/11/2007 09:36 Autor: buhominerva.

Frente a la crisis en Tabasco

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" 2007-11-09

 

En consideración de la importancia regional y nacional de la tragedia ocurrida en Tabasco, a continuación se presentan los principales resultados de una encuestas telefónica nacional realizada por GEA-ISA el día 8 de noviembre de 2007.

     

Este estudio comprendió 404 entrevistas asistidas por computadora a ciudadanos mexicanos de 18 y más años de edad que cuentan con línea telefónica en su domicilio, lo que permite contar con estimadores con un margen de error tolerado de ±5% al 95% de confianza. En el caso de una pregunta, se efectúa la comparación con los resultados de una encuesta telefónica nacional GEA-ISA previa, realizada el 25 de septiembre de 2005, con similar tamaño muestral y características técnicas.

          

La selección de la muestra de números telefónicos fue sistemática, a partir de un listado ordenado por entidad federativa y serie telefónica. Es importante recordar que las encuestas telefónicas reflejan la opinión de una población más urbana y con mayor escolaridad e ingreso que el promedio.

          

La presentación de los resultados de este estudio se ha dividido, para fines de exposición, en dos partes: la primera relacionada específicamente con la opinión ciudadana en torno a los factores propiciadores y la respuesta institucional ante la catástrofe; y la segunda vinculada con la opinión sobre la respuesta dada a la crisis por personajes políticos y el impacto de estos sucesos en la imagen de los partidos políticos.

             

Como complemento, no deje de consultar el artículo sobre La tragedia de Tabasco.

              

I

       

A los ciudadanos mexicanos no les queda claro cuál fue el origen de la tragedia que hoy se vive en el Sureste mexicano: casi la mitad creen que es producto del      cambio climático, aunque para una proporción apenas menor es consecuencia de la falta de acciones preventivas frente a la eventualidad de sucesos de este tipo.

      

 

           

A pesar de lo anterior, lo que sí parecieran tener en claro es que estas inundaciones no eran inevitables, puesto que 70% de los consultados afirmaron que se pudieron evitar de haberse realizado las obras de infraestructura requeridas.

       

 

 

          

Y a pesar de los miles de millones de pesos aportados por la Federación para evitar este tipo de catástrofes en el Estado de Tabasco, y tal vez debido al desconocimiento que se tiene de ello, 70% de los entrevistados consideran insuficiente el monto de recursos aportados por el gobierno federal para estos fines en los últimos años. 

               

 

          

Pero si exste una crítica hacia la aportación de fondos federales, es mayor la existente respecto a la aplicación dada a estos recursos por parte de los gobiernos de los Estados: 16% de los consultados piensan que este dinero ha sido aprovechado de manera adecuada, mientras que 77% opinan que lo ha sido en forma inadecuada. ¿Opinarán por información concreta relacionada con el empleo estos fondos, lo harán como resultado del conocimiento de la tragedia ocurrida -que mostraría la insuficiente de lo hecho- o simplemente relfejarán una opinión genérica sobre la eficiencia de los gobiernos estatales para el manejo de los recursos? Sería interesante profundizar más adelante en este fenómeno de opinión.   

               

 

          

La contracara a la crítica hacia las acciones del pasado, en las que el ciudadano no advierte un esfuerzo preventivo efectivo, es la aprobación hacia las acciones realizadas por las autoridades para enfrentar la crisis.

      

Para dos de cada tres ciudadanos consultados, el gobierno federal está haciendo todo lo que les es posible para paliar los efectos del desastre. Una proporción similar reconoce que el gobierno del Estado de Tabasco está haciendo todo lo que está a su mano frente a la tragedía.   

               

 

           

                      

II

                      

Tal vez el reconocimiento genérico al esfuerzo realizado por las autoridades federales y estatales para responder a las demandas emergentes de la población ante la tragedia vivida en Tabasco explique la aprobación hacia las acciones realizadas por las cabezas de estos gobiernos frente a las inundaciones en este estado.

      

Así, 71% de los ciudadanos consultados aprueban la respuesta dada ante la crisis por el Presidente la República, Felipe Calderón, de origen panista, contra 21% que dicen desaprobarla, lo que deja un balance de siete aprobaciones por cada dos desaprobaciones.

       

En el caso del Gobernador de Tabasco, Andrés Granier, de extracción priista, el balance es muy similar, aunque dado el carácter local de su acción y la presencia focalizada de su persona entre la opinión pública, los niveles de indefinición resultan ser más altos. Dado que 58% de los ciudadanos consultados en el país declaran aprobar la respuesta del Gobernador Granier ante la crisis y apenas 16% dicen desaprobarla, la relación que se presenta es también de siete aprobaciones por cada dos desaprobaciones.

            

Otro es el caso del político tabasqueño y ex candidato a la Presidencia de la República por el Partido de la Revolución Democrática, Andrés Manuel López Obrador, quien efectuó una gira por su entidad natal el pasado fin de semana, una semana después de ocurrida la tragedia. Aunque casi la mitad de los entrevistados no tienen opinión respecto a la forma en que este político ha respondido a la tragedia en Tabasco, de quienes sí tienen un punto de vista formado, son más los que desaprueban sus acciones (36%) que quienes las aprueban (20%).      

  


 

          

Indudablemente, el meteoro en Tabasco ha sido el foco de atención de los ciudadanos mexicanos durante los últimos días. Un dato de dominio público pudiera sustentar esta afirmación: son casi diez mil las noticias relacionadas por Google relativas a Tabasco durante la última semana, frente a poco más de cuatro mil vinculadas con Michoacán (donde el próximo domingo se eligirá Gobernador) o dos mil relacionadas con el Estado de Coahuila, por tomar algún ejemplo.

      

Uno de cada tres mexicanos declaran tener una mejor opinión del Ejecutivo federal luego de la tragedia y en consideración de la forma en que ha respondido ante ésta el Presidente de la República, mientras que menos de la décima parte afirman que su opinión sobre el gobernante ha empeorado.

            

En el caso del Gobernador Granier, más de la quinta parte de ciudadanos mexicanos entrevistados afirman que ha mejorado su opinión sobre él, mientras que seis por ciento dicen que ha empeorado. En el caso del Gobernador, como en el del Presidente, las relaciones de siete a dos entre opiniones que los favorecen y opiniones en sentido opuesto se mantiene.

        

En el caso de Andrés Manuel López Obrador, su respuesta ha pasado desapercibida o no ha formado una opinión en tres de cada cuatro mexicanos consultados. Entre quienes sí adoptan una opinión sobre el cambio que ha provado en su imagen de este político, dos de cada tres apuntan ha que su opinión sobre él ha empeorado.      

               

 

          

Las repercuciones en la imagen de los dirigentes políticos mencionados pareciera regir el impacto que estos eventos pudiera estar teniendo en la opinión pública respecto a los partidos políticos. Mientras que en el caso del PAN y del PRI se observa que son más los ciudadanos consultados que afirman que la imagen de estos partidos ha mejorado luego de la tragedia, en el caso del PRD la inclinación de las opiniones es en sentido opuesto. 

               

 

          

Tal vez por ello, y aunque para casi la mitad de los ciudadanos mexicanos que fueron consultados ningún partido político está realmente preparado para responder a las demandas de la población frente a situaciones de emergencia, entre quienes sí creen que algún partido lo está e la mitad de las ocasiones piensan que es el PASN el partido capacitado para dar respuesta efectiva, superando ligeramente a quienes creen que es el PRI el partido mejor calificado para ello. El PRD es apenas mencionado por la quinta parte de quienes dicen que Acción Nacional lo es y por la cuarta parte de quienes indican que piensan que es PRI, posición muy distante, difícimente atribuible solamente a las distorciones que pudieran derivar de una encuesta telefónica en la cobertura del grueso de la ciudadanía residente en la República.  

               

 

              


 



Artículos relacionados


iijk  La tragedia de Tabasco (6 de noviembre de 2007).

                     

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08/11/2007 21:14 Autor: buhominerva.

Sobre el paradigma demoscópico

. iiik

" 2007-08-24

               

Extracto del ensayo: "Las encuestas previas a la elección presidencial 2006: reflexiones para el debate”, próximo a publicarse en: Veredas, Revista del Departamento de Relaciones Sociales de la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco, México, número 14, primer semestre de 2007.

       

Luego de la elección presidencial de 2006 se ha abierto en México un debate en torno al significado de las estimaciones por encuesta que se difunden previamente a los comicios: ¿son un diagnóstico que refleja solamente el estado de las preferencias electorales en el momento de toma de datos o constituyen de alguna manera un pronóstico respecto al resultado esperable de la elección?

          

La polémica mencionada ha derivado en una polarización que entorpece el debate esencial sobre el significado de los datos producto de encuesta. Por un lado, quienes se orientan por negar el carácter de prognosis de los resultados de estudios demoscópicos, apuntan que la calidad de la investigación no debe medirse por la adecuación entre estimaciones y resultados electorales, sino por el método utilizado, negando toda posibilidad de falsación de un estudio mediante el cotejo de sus datos con el resultado electoral y reduciendo las diferencias entre estimaciones y resultados a meras consecuencias de variaciones en las preferencias entre el momento de la medición y el de la elección, sin atender a potenciales errores de carácter no muestral que pudieran generar sesgos sistemáticos en las mediciones de determinadas casas encuestadoras.

            

Por el otro lado, quienes se inclinan por afirmar el sentido anticipatorio que está detrás de la difusión de resultados de encuestas, suelen reducir la evaluación a la pura confrontación entre estimaciones “finales” de las diversas casas encuestadoras con los resultados oficiales, haciendo tabla rasa de aspectos metodológicos que son relevantes, en tanto pudieran incidir en la calidad de los estudios.

           

Detrás de esta polémica se encuentran hechos que resultan a todas luces relevantes: en las dos últimas elecciones presidenciales, ninguna estimación final de una serie de encuestas patrocinada por un medio de comunicación nacional ha ubicado en primer lugar al candidato que resultó finalmente ganador de los comicios; de igual manera, ninguna estimación final de una serie de encuestas pública que fuera producida por una empresa investigadora certificada conforme al “Estándar de Servicio para la Investigación de Mercados en México” de la Asociación Mexicana de Agencias de Investigación de Mercado y Opinión Pública (AMAI) ha observado un ordenamiento de candidatos que fuera coincidente con el resultado oficial de la elección. ¿Es que acaso los criterios de certificación del trabajo profesional en el campo demoscópico no redundan en una mayor adecuación entre estimaciones y resultados? ¿acaso los medios de comunicación nacionales son totalmente incapaces de efectuar una selección de proveedores de estudios que maxime la probabilidad de estimaciones acertadas?

                 

En contraparte, si desde el lado de las organizaciones responsables de los estudios es factible encontrar las diferencias anteriores, cuando lo que se observa es el carácter del patrocinador no se descubren regularidades. Del lado de las encuestas que han dado un ordenamiento certero de los contendientes se encuentran lo mismo encuestas patrocinadas por instancias partidarias que proyectos sindicados o con patrocinio privado.

       

Además, puede decirse que si la ciencia es, como pensaba Robert Merton, “la extensión de los conocimientos certificados” -es decir, “enunciados confirmados empíricamente y coherentes desde el punto de vista lógico, relativos a regularidades (que no son otra cosa que predicciones)”, como bien recuerda Judson- la experiencia en el campo de las encuestas preelectorales en México no ha venido a confirmar el paradigma de investigación vigente.

          

Y cuando hablamos de paradigma de investigación referimos de manera directa a un canon metodológico adoptado de la teoría y experiencia anglosajona que se conforma al menos por los siguientes principios: una encuesta por muestreo cuyo objetivo sea conocer las preferencias electorales de los ciudadanos antes del momento de la elección deberá consistir en una cantidad suficiente de entrevistas realizadas cara a cara en hogares a ciudadanos seleccionados conforme a procedimientos de muestreo probabilístico, con controles de calidad probados y estandiarizados, utilizando un cuestionario estructurado cuya primera pregunta relevante recupere mediante la técnica de boleta y urna la intención de voto del informante.

         

Esta metodología ortodoxa no ha probado ser condición suficiente para disponer de estimaciones insesgadas sobre las preferencias electorales ni su carácter apodíctico se ha fundado en evidencia. De hecho, puede demostrarse que casas encuestadores que han venido difundiendo por más de una década estimaciones por encuesta que resultan por lo común coincidentes en su medición final con el resultado oficial, han abandonado uno o varios de los principios canónicos, bien sea por no acudir a la técnica de boleta y urna, bien por además ubicar el cuestionamiento sobre intención de voto no al inicio de la entrevista, sino en un lugar avanzado, partiendo del rechazo al principio de tabla rasa y adoptando una lógica más acorde con Zaller, donde se  reconocería que los ciudadanos han de emitir su sufragio en un entorno de reflexión que observará necesariamente -aunque con énfasis diferenciado- aspectos retrospectivos y prospectivos sobre la gestion de gobierno, imágenes genéricas de los contendientes e información básica sobre los comicios, entre otros puntos.

         

En contraparte, el apego al canon vigente ha redundado en una proporción de equívocos en las mediciones finales previas a elecciones presidenciales que rebasa la probabilidad esperada (conforme a lo sugerido por Barrow), dado que menos de la mitad de encuestas nacionales cara a cara en hogares próximas a la elección han acertado ganador en las dos últimas contiendas presidenciales.

      

Retomando una sugerencia del académico Federico Estévez, habría que revisar a la luz de la experiencia el empleo de la técnica de boleta y urna para la pregunta sobre intención de voto y, agregaríamos, analizar la pertinencia de adoptar metodologías heterodoxas que han sido existosas en la práctica. Ello, recordando que, como dijo Howard Schachman (citado por Judson), ”los experimentos más brillantes, ingeniosos y renovadores suponen una desviación de las prácticas comúnmente aceptadas por la comunidad científica”.

 

Comentarios:  *  ricartur@prodigy.net.mx 



Referencias bibliográficas. 

     

Barrow, John D., Imposibilidad, Barcelona, Gedisa, 1999.

      

Judson, Horace F., Anatomía del fraude científico, Barcelona, Crítica, 2006.

     

Zaller, John R., The Nature and Origins of Mass Opinion, Cambridge University, 1992.

         

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24/08/2007 03:56 Autor: buhominerva.

Encuestas de salida: ¿Qué hacer?

4 iiij

"  2007-08-17

    

El diagnóstico parece claro: en México, hoy día, las encuestas de salida y los conteos rápidos no están cumpliendo la función que de ellos se espera: anticipar los resultados de las elecciones.

  

Si en un pasado cercano estos ejercicios permitían conocer al ganador la misma noche de la elección, hoy han dejado de cumplir este papel. Ello en parte se debe a la cada vez más frecuente ocurrencia de triunfos por escaso margen, pero también a la precaución de medios y casas encuestadoras que es hoy mayor que antaño.

  

Una tradición extraña a otras democracias ha prevalecido en nuestro país respecto a la difusión de resultados de encuestas de salida y conteos rápidos, a lo que no es ajeno el que su realización estuviera originalmente vinculada a respaldos gubernativos (como bien recuerda Jorge Alcocer): la decisión de no difundir dato alguno en caso de que, al parecer de los responsables de los estudios –medios o investigadores-, no exista una distancia suficiente entre primero y segundo lugar como para no errar ganador. Esta costumbre se ha cumplido la mayor parte de las ocasiones y ha justificado el silencio muchas otras veces.

  

Si bien este procedimiento evita equívocos, también permite confusiones. Basta recordar que, ante lo efectivamente cerrado de la contienda presidencial del año pasado, la carencia de reporte alguno producto de encuestas de salida posibilitó que la dirigencia del partido que ocupó finalmente un distante tercer lugar especulara que todavía estaban dentro de la pelea.

  

En las elecciones posteriores ha sido cuestionable el papel de las encuestas de salida: en unos casos (Yucatán y Baja California), las patrocinadas por medios electrónicos no han sido divulgadas, a pesar de que al final de cuentas el resultado fue suficientemente abierto como para que se esperara que fuera posible definir un ganador; en otro caso (Chiapas), las encuestas de salida difundidas previeron una diferencia muy superior a la real; en uno más (Tabasco), algunos medios retrasaron la salida de las estimaciones, a pesar del amplio margen de victoria que se registró.

  

Que las autoridades electorales concurran al esfuerzo por dotar al público de información oportuna sobre los resultados electorales vía este tipo de ejercicios no ha corrido con mejor suerte. La corta distancia entre primeros lugares en la elección presidencial y la camisa de fuerza impuesta a la apertura de los datos del conteo interno del IFE, impidió la divulgación de los resultados de este ejercicio la noche la elección. Y en el caso de Baja California, el silencio pareciera relevar más una voluntad de ocultamiento que una limitación de la herramienta.

  

De esta manera, la experiencia reciente refleja la imprecisión propia del instrumento, confiable para conocer perfiles de votantes, momentos de decisión y motivaciones del voto, pero incierto en cuanto a las distribuciones efectivas de los sufragios, al estar sujeto a diversas fuentes de error no muestrales, que no afectan los más precisos ejercicios actuariales de conteo rápido. Pero también es expresión de una aversión al riesgo de corporaciones mediáticas y encuestadoras, que prefieren proteger prestigios e intereses y mantenerse silentes, aunque ello vaya contra la confianza ciudadana en los comicios y sus resultados.

  

¿Qué hacer frente a esta situación? Desde luego que, como sugiere Francisco Báez, es necesario que se insista en los límites de los instrumentos y que se revisen procedimientos de estimación a la luz de la experiencia reciente. Pero hay otra opción, que pasa por la revisión de las lógicas de divulgación que se han hecho práctica regular en México, pero que pudieran ser distintas.

  

En otras naciones, se distingue entre la puesta a disposición del público de las estimaciones producto de encuestas de salida y conteos rápidos y la posibilidad de definir un ordenamiento definitivo de los contendientes a partir de estas estimaciones. Así, una cosa es dar a conocer los datos arrojados por estos ejercicios y otra colocar banderas que otorguen el triunfo a uno u otro contendiente. Y el público se ha acostumbrado y aprendido a interpretar esta información.

  

En el caso de México, los medios de comunicación y las casas encuestadoras se subrogan el derecho no solamente de decidir, con base en razones técnicas y experiencia, si es posible o no determinar un ganador, sino que en el supuesto de que consideren que no es posible hacerlo, simplemente secuestran los datos de los ojos del público, dizque para evitar confusiones... aunque a veces abran con ello el espacio a especulaciones y desconfianzas.

  

¿Y qué tal si cambiamos esta práctica? ¿Qué tal si, a partir de la hora oficial del cierre de casillas, se difunden las estimaciones producto de las encuestas de salida, aclarando si permiten o no definir un ganador, pero sin esconder dato alguno (incluyendo idealmente las estimaciones puntuales y los intervalos)? ¿Qué tal si permitimos que estas estimaciones vayan ajustándose a medida que se acopie mayor información, de cara al público, con reportes vía electrónica en tiempo real o cintillos que corran por la televisión y que vayan reportando los cambios en los datos, como ocurre con los programas de resultados preliminares? ¿Qué tal si dejamos de tratar a los ciudadanos como infantes y respetamos su derecho a estar informados, quitándole el poder a medios y encuestadores de decidir por el público y esconder los datos productos de las encuestas de salida? ¿Qué tal si concebimos la difusión de las encuestas de salida y conteos rápidos como un servicio de interés público accesible a los electores, aún y cuando sea realizado por instituciones privadas?

  

Tal vez sea el momento de pensar en un servicio nacional de encuestas de salida que, con  probado rigor técnico y reuniendo la experiencia de investigadores diversos, garantice la apertura y transparencia de la información producida por mediciones por encuesta y conteos durante las jornadas electorales.

  

Así, cuando las casillas cierren luego de una elección, los ciudadanos tendrán la certeza de que podrán conocer los datos que arrojan las encuestas de salida, permitan éstos definir o no un ganador, y más tarde los resultados de los conteos rápidos, como pueden y tienen derecho a conocer los datos de otras fuentes que brindan al público y a los interesados información preliminar oportuna sobre los resultados electorales, aunque estos datos no siempre permitan saber quién fue el ganador.

     

 

Comentarios:  *  ricartur@prodigy.net.mx 




Vínculos externos
 

Alcocer, Jorge, "Dilema", Reforma, 14 de agosto de 2007 (acceso sólo para suscriptores).

Baez, Francisco, "Encuestas: soplarle al jocoque", La Crónica de hoy, 14 de agosto de 2007.

 

                   

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10/08/2007 20:45 Autor: buhominerva.




Sobre "El Búho de Minerva"
buhominerva

«Eule der Minerva beginnt erst mit der
einbrechenden Dämmerung ihren Flug.»

Georg Wilhelm Friedrich Hegel.

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¿Por qué este título?

Es de sobra conocido que la diosa griega Palas Atenea tomó como su numen a una lechuza. Y es claro que, dada la diversidad de aves rapaces nocturnas que habitan en Iberia, la lengua española permite distinguir lechuzas y mochuelos de búhos y otras especies.


Empero, el ave acompañante de Minerva, versión latina de la diosa de la sabiduría, fue recuperada para el mundo por el filósofo alemán Hegel, quien empleó un genérico para describirla, propiciando que la literatura en español suela recordarla como "el búho de Minerva", antes que como mochuelo o lechuza.


Conscientes de este equívoco, se asume el nombre convencional de El Búho de Minerva para esta columna, pues no solamente remite a la observadora figura mitológica, sino que puede adoptarse como referente del noctámbulo autor de estos textos, en tanto le es más próximo a este residente de la calle de Minerva el calificativo de persona huraña (acepción coloquial de búho según el diccionario de la lengua) que la harrisoniana figura de cobrador de impuestos vinculada al lechuzo. Válgase pues este título para la electrónica columna.




Fuentes citadas:

Hegel,Georg Wilhelm Friedrich, Grundlinien der Philosophie des Rechts,«Vorrede», Bd. 7, s. 9-10.

Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, Vigésima Segunda Edición.





Publicaciones recientes del autor

veredas

"Las encuestas previas a la elección presidencial 2006: reflexiones para el debate"

Veredas, Año 8, número 14, pp. 7-34
Departamento de Relaciones Sociales, División de Ciencias Sociales y Humanidades,
Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco, primer semestre de 2007.


apuntes29

"Votos y asientos en la diputación federal mexicana: modelo teórico y patrones observados”

Apuntes Electorales, segunda época, Año VI, núm. 29, pp. 11-39

Instituto Electoral del Estado de México, Toluca, julio-septiembre de 2007.




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